Consejería Personal

No solo hablamos de los síntomas, buscamos juntos las raíces, trayendo luz a aquello que ha permanecido en las sombras por mucho tiempo.

Consejería Matrimonial

Las parejas pueden trabajar en su relación con la ayuda de un consejero experimentado.

Descubre una nueva forma de amar, entender y crecer juntos.
Nuestro curso para matrimonios no es solo una enseñanza, es una transformación. Ya sea que estén en su mejor momento o atravesando dificultades, este espacio está diseñado para fortalecer los lazos, sanar heridas y construir una relación a prueba de todo.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.

2 Corintios 1:3-4 (NVI)

Taller Amar Bien

No es algo que simplemente sucede. Se aprende. Se cultiva. Se transforma.

El Arte Del Matrimonio

El matrimonio es más que una simple unión legal o un compromiso emocional.

Consejería Matrimonial

Un espacio seguro, confidencial y guiado por principios cristianos.

Consejería Personal

Para cualquier persona que desea crecer, entenderse mejor y avanzar con propósito.

Sobre Nosotros

Nos casamos en el año 2000, cuando ambos teníamos apenas 22 años. Como muchas parejas jóvenes, comenzamos llenos de sueños, pero pronto enfrentamos desafíos que pusieron a prueba los cimientos de nuestro matrimonio.

Al poco tiempo de casarnos enfrentamos una de las pruebas más dolorosas de nuestras vidas: después de un año de anhelo y búsqueda, recibimos la noticia de que seríamos padres por primera vez. Sin embargo, en 2001, nuestra hija falleció a los ocho meses de gestación. Su partida dejó una herida profunda en nuestros corazones y marcó de forma significativa los primeros años de nuestro matrimonio.

A pesar de la bendición de tener dos hijos después de aquella pérdida, nos dimos cuenta de que algo en nuestra relación se había quebrado. El dolor no sanado, los silencios y las heridas sin procesar nos llevaron al borde del divorcio.

Fue en ese punto crítico cuando comprendimos una verdad transformadora: descubrimos el valor inmenso de aprender de otros, de dejarnos acompañar y de reconstruir desde la verdad y la vulnerabilidad, entendiendo que necesitábamos abrirnos a procesos que restauraran no solo nuestro vínculo, sino también nuestro propósito como pareja y como padres. Empezamos a caminar en dirección contraria al orgullo y la autosuficiencia, reconociendo que nuestra historia podía ser sanada si decidíamos sembrar de manera diferente.

Hoy, más de dos décadas después, y con cuatro hijos en diferentes etapas de la vida, podemos decir con gratitud que Dios ha sido fiel. Nuestra historia no es perfecta, pero es real, cargada de errores, aprendizajes y redención. Y creemos que cada parte de nuestro pasado —incluyendo lo más difícil— puede ser usada para inspirar, acompañar y animar a otros matrimonios.

Seguimos construyendo, seguimos aprendiendo y seguimos sembrando. Pero ya no desde la herida, sino desde la esperanza.